martes, febrero 21, 2012

El Nerón imperial busca incendiar Latinoamérica: Están haciendo arder Honduras


Ricardo Salgado / Mariátegui
21/02/12


Asumir la violencia desatada contra el pueblo hondureño por más de dos años como una serie de hechos aislados, removiendo la historicidad de los mismos, sería un error muy grave para todos los que hoy habitamos este continente. Los incendios sucesivos de un centro penitenciario y varios mercados populares de Tegucigalpa no están desvinculados de todos los hechos de violencia que se remontan al Golpe de Estado de junio de 2009; por el contrario, desde una perspectiva histórica es fácil ver un patrón, una tendencia; una conspiración que busca incendiar a la América Latina de inicios del siglo XXI; los pirómanos son los mismos de siempre, y las mentes malévolas que los impulsan también lo son.

En cuestión de horas se sacrificaron cerca de cuatrocientas vidas, y se provocaron pérdidas a miles de familias dependientes del complejo círculo del dinero de los mercados populares. Los únicos que no perdieron son los usureros, ellos seguirán cobrando, y con el caos suscitado, terminaran por aumentar las víctimas fatales de este proceso de terror que busca hacer con el miedo de la gente, lo que no pudo lograr mediante su guerra frontal contra la resistencia anti golpista.

Después de la victoria sandinista en Nicaragua, y la ridícula suma de los votos de la seudo oposición en Venezuela, hechos que se suman a la firme determinación de las mayorías hondureñas en resistencia, por transformar el país, sabíamos que la agresión imperial tomaría nuevos matices, aunque la conspiración en sí está en progreso desde hace varios años, las acciones concretas son aplicadas de acuerdo a criterios más coyunturales. Es evidente la mano fascista en el plan de terror que se aplica en Honduras, donde el mismo Plan de Nación que promueve el gobierno hace gala de tesis maltusianas para hablar del progreso de Honduras.

Importante es ahora que los pueblos hermanos entiendan que lo que hacen aquí, lo aplicaran más tarde en otra latitudes, y que la contención de esta trama, y su necesaria derrota, reviste una importancia sin precedentes en la historia del continente. La idea de asesinar gente, y llevar adelante actos de terrorismo contra la población más pobre, a la par de una campaña alienante que pone los eventos en el plano ideológico, no es una novedad en nuestra historia, pero sucede en un momento en que los pueblos tenemos mucho que perder.

En Honduras se han extraviado armas pesadas de batallones, se han quemado vivos testigos de los nexos que existen entre las fuerzas armadas, la policía y el crimen organizado. Aunque se comprobó que la policía es pieza fundamental del crimen contra la ciudadanía, el gobierno no ha hecho nada; y es que el gobierno de turno ha demostrado hasta la saciedad su vocación servil para entregar el país a los intereses transnacionales. Esta vez no se trata solamente de un asunto retorico, por cada muestra de violencia que se da en el país, los funcionarios corren a declararse incapaces de esclarecer los hechos, o de hacer justicia, y recurren a Estados Unidos. No tenemos más seguridad, pero la presencia militar extranjera mucho mayor.

No es muy complicado inferir que las posibilidades de que asesinen miembros de la resistencia nacional han aumentado, para lo que recurrirán a mil argucias, incluyendo la vieja historia de que nos matamos entre nosotros por disputas ideológicas internas. El asesinato de nuestros dirigentes, incluidos Manuel Zelaya Rosales, o la candidata de LIBRE, Xiomara Castro, es más probable ahora. También es evidente la posibilidad de que liquiden a compañeros que no han estado de acuerdo con la formación de nuestro partido político. Hoy estamos más expuestos que nunca. Además, tienen la reforma constitucional dirigida contra el narcotráfico y el terrorismo, que les permite extraditar (entiéndase matar la verdad) a nuestros compañeros hacia los Estados Unidos. Las vías del terror son múltiples, las han estado construyendo ante nuestros ojos por mucho tiempo.

No podemos subestimar los alcances de la inteligencia gringa, ni creer remotamente en alguna dosis de patriotismo en la clase dominante hondureña. Ambos carecen de limites morales o éticos, simplemente no los conocen. La agenda de shock dirigida hacia la población busca tres objetivos inmediatos: a) Neutralizar la dirección de la resistencia; b) Alejar al pueblo de su aspiración refundacional, y; c) Eliminar físicamente la imagen de personas que puedan incidir en la movilización del pueblo. El objetivo central de toda la trama es la desestabilización, primero de Centroamérica (es difícil predecir el marco temporal), y luego la destrucción de las democracias populares del continente.

Aquí debemos hacer una reflexión sobre los acuerdos firmados en Cartagena de Indias en mayo del año pasado, que incluyen la formación de una Comisión de Verificación y Seguimiento que no ha sido integrada hasta la fecha. Sin ánimo de juzgar la visión estratégica de los países garantes, creemos que este ha sido un error, al menos de la República Bolivariana de Venezuela, una de las potenciales víctimas de la escalada agresiva que se está iniciando en Honduras. El descalabro de la maltrecha oposición venezolana, será compensado por otros actos de sabotaje orquestados desde el comando sur, y están, indudablemente conectados con los hechos en Centroamérica y el caribe.

Históricamente, el aumento de presencia militar gringa en el centro del continente ha tenido repercusiones para los hermanos del sur; no hay razones para intuir siquiera que esta vez la cosa será distinta. El gobierno dirigido por Lobo Sosa trata de mostrar una cara de ineptitud e impotencia, táctica que le ha servido para burlar la posición democrática de los países de la región. Lo cierto es que lo único que podemos percibir desde el interior del país, es que la violencia se incrementa, y es el Estado el que la origina. Además, lejos de la simple percepción, hemos comprobado una y otra vez, la monstruosa impunidad que se vive, la fortaleza de la posición de los ejecutores del Golpe de Estado, y la sumisión de Lobo Sosa a estos últimos.

Se han creado condiciones para que las apátridas autoridades invoquen la intervención extranjera a causa de su incapacidad, aun teniendo que aceptar su propia ineptitud. Mientras tanto, las victimas las sigue poniendo el pueblo, aunque es improbable que siga poniendo “la otra mejilla” por mucho más tiempo. Nos encontramos frente a un abismo inminente, pero no unilateral. Lo cierto es que el imperio se ha constituido en el Nerón que quiere atizar el fuego que consuma la vocación revolucionaria del continente. Ahora más que nunca debemos ser uno solo. No es bueno recordar Honduras solamente cuando aparece en los medios corporativos controlados por el imperio.

La tarea esencial de todos y todas los miembros de la resistencia, miembros de LIBRE o no, es proceder de inmediato a transmitir al pueblo los detalles de esta trama, apoyar la organización, y establecer planes concretos para defender la integridad física de cada hondureña y hondureño. Ya no es tiempo de desencuentro. El plan de mediático es despolitizar la agenda del país, mientras se arrastra a la gente a un punto donde le dicen que la ideología es mala, y que nosotros somos quienes planteamos una lucha ideológica. Trataran de alejar a las comunidades de los problemas económicos y sociales, mientras se les alienta la ilusión de sus grandes libertades individuales (las que solo usan con gran brutalidad los dueños del poder). Recordemos que el poder es una relación de fuerzas, hablando en sentido estricto.

También debemos tener en mente que se le ha ofrecido el dialogo a Lobo Sosa en varias ocasiones, a lo que él ha reaccionado con estúpidos chistes, o demeritando la importancia de nuestro llamado. La paz, o la ausencia de la misma es algo que impone quien tiene el poder, a ellos no les interesa nuestra paz, ni nuestro desarrollo, ni nuestro bienestar. Recordemos entonces que mientras más organizados estemos más posibilidades tenemos de establecer relaciones de fuerza más favorables. En ningún caso es aceptable sucumbir por miedo, eso sería traición.

Por lo que a los pueblos del continente respecta, esperamos que nos tengan en su agenda solidaria, y los gobiernos revolucionarios que hagan un análisis permanente de este contexto, en ello les va una porción importante del futuro.

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