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Argentina: Habla Quebracho. Pino Solanas y la prensa canalla

Movimiento Quebracho / Mariátegui
29/10/10


Con preocupación señalamos el temible camino que van recorriendo algunos sectores pseudoprogresistas, que por conveniencia electoral o por lo que sea, terminan legitimando la idea de que hay muertos que tienen que indignarnos y hay muertos que son previsibles. Con esa lógica siniestra, la foto de Darío Santillán con un palo en la mano y la cara tapada estaría justificando la emboscada del 2002.

El jueves 21 de octubre al mediodía, la señora Mirtha Legrand recibió en su programa de almuerzos a los compañeros Marcelo Ramal (PO), Vilma Ripoll (MST) y Pino Solanas (Proyecto Sur), junto a dos personajes que practican terrorismo mediático de poca monta.
Con el cadáver aún tibio de Mariano Ferreyra, todavía insepulto, se les ocurrió a los compañeros que era pertinente participar en dicho programa, probablemente en el afán de hacer más contundente la denuncia. Sobre esto preferimos no opinar porque tiene que ver con las valoraciones que cada uno hace sobre cómo y a través de quiénes poder comunicarse con el pueblo argentino.

Aquellos que años atrás nos criticaban cuando nos invitaban a los programas de Grondona, Majul, Gelblung, Viale y cía. nos criticaban por ir a decir nuestra verdad, nos criticaban porque ellos “no irían”, pudimos verlos tiempo después recorriendo estudios sin ningún problema porque “necesitaban comunicar.”

Nosotros, a esos que nos invitaron, les cuestionamos en cada momento su historia y les marcamos lo que nos diferencia, desde quiénes les pagan sus sueldos hasta las cosas que dicen (a Grondona, a Gelblung, a Viale, a Majul). Siempre quedó claro que no teníamos nada que ver con esos conductores ni con las empresas mediáticas.

El jueves, en dicho programa, la señora de los almuerzos lanzó el anatema: “¡Esos que van con palos! ¡Qué horror! Eso provoca la violencia.” Inmediatamente, el compañero Marcelo Ramal aclaró que su partido no marcha con palos (a pesar que el mismo jueves pudo verse cómo, con unos inmensos palos, su partido apaleaba una agrupación que intentó infelizmente marchar en medio de su columna). La compañera Vilma Ripoll, también con discreción, señaló que ellos tampoco marchan “de esa manera”, aunque la televisión mostraba el jueves antes de comenzar la marcha una gresca de dimensiones, con palos, contra otros grupos, parece ser, por un lugar en la marcha.

Hasta ahí todo estaría dentro de lo lógico y previsible, sobre cómo cada uno construye su propio relato de la realidad. Pero inexplicablemente Pino Solanas, invitado (no entendemos en carácter de qué), muy cómodo al lado de Facundito Pastor, se monta en las reflexiones de Mirtha Legrand y aclara sin que nadie le haya preguntado: “esos son los de Quebracho”.
No entendemos para qué aclara eso, por qué, qué objetivo persigue. Y lo dice a pesar de que cuando Solanas no tenía alquiladas comparsas para sus actos y estaba en soledad, cuando pocos eran los argentinos que enfrentábamos la lógica saqueadora de energía y petróleo, no le molestaba por entonces que nuestros zaparrastrosos compañeros con palos y capuchas fueran los que llenaban las actividades en las que él hablaba ¿Se habrá olvidado?

La noche del miércoles 20, el mismo día del acribillamiento de Mariano, la ¿periodista? Clara Mariño (histórica productora del programa del nefasto Bernardo Neustadt) hizo lo que al otro día haría Mirtha: increpó a sus invitados Carlos Chile (CTA- MTL) y Vilma Ripoll (MST) preguntándoles “qué tiene que hacer Quebracho en esa marcha ¿por qué ustedes no aíslan a Quebracho?”. Los dos invitados con elegancia obviaron la respuesta y hablaron de lo que tenían que hablar, de la emboscada y de la masacre.

Volviendo a la mañana del viernes, Magdalena Ruiz Guiñazu, indignadísima, dedicó varios y extensos minutos de su programa a cuestionar la presencia de Quebracho entre los trabajadores tercerizados y en la marcha del jueves.

La mañana del miércoles 20, muchos de nuestros compañeros estaban entre los compañeros que fueron emboscados, acompañando el reclamo de los trabajadores tercerizados. Ahí cualquiera podría haber sido el muerto, o cualquiera podrían haber sido herido.

La pregunta que nos surge a partir de estas declaraciones es si el muerto hubiera sido un encapuchado con un palo en la mano ¿habría sido un muerto razonable, un muerto previsible?
¿O es que están preparando un terreno -estos que piden que se nos aisle, estos que como Pino nos señalan “distintos”, o que niegan que hacen lo que hacen y nos dejan solos sosteniendo nuestra verdad? ¿No se darán cuenta que están construyendo un relato legitimador de algunas muertes, de las muertes de los que llevan palos, por ejemplo?

Durante la marcha del jueves un automovilista atropelló a un compañero en plena marcha, y era un compañero nuestro. Justamente esas cosas son las que evitamos con nuestros compañeros que cortan el tránsito para que marchemos, quienes enfrentan colectiveros, taxistas y automovilistas en general, con simples y sencillos palos, los que nunca usaron para apalear a otras organizaciones sino simplemente para defenderse las tantas veces que esta policía que Cristina dice que no reprime y nos reprime.

Y allí, lo otro que habría que señalar es que la afirmación en boca de la presidente, que la policía no va ni con palos ni con armas frente a la protesta es una mentira que cae por su propio peso, y que es bien larga la lista que podemos hacer sobre balaceras, apaleamientos, gaseadas, etc. Incluso prisiones, porque este es el gobierno que en sus cárceles ha albergado más cantidad de presos políticos.

Estas líneas no tienen otra pretensión que señalar el peligroso camino que empiezan a recorrer algunos. De la prensa canalla no nos sorprende, pero de los pseudoprogresistas nos alarma. Ojalá se despabilen del encantamiento de las cámaras que los llaman para usarlos de peones de guerras ajenas a ellos. Señalamos con preocupación el temible camino que van andando estos, que dan una pirueta argumental porque no se animan a enfrentar o contradecir a un conductor televisivo, por conveniencia electoral o por lo que sea, y terminan legitimando la idea de que hay muertos que tiene que indignarnos y muertos previsibles.
Con esa lógica siniestra, la foto de Darío Santillán con un palo en la mano y la cara tapada estaría justificando la emboscada del 2002.

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