
Mariátegui
28/03/11
Eduardo Gudynas es investigador del Centro Latinoamericano de Ecología Social (CLAES) participó en Lima del seminario Alternativas al Extractivismo organizado por la RedGE (Red Peruana por una Globalización con Equidad). Mariátegui. La revista de las ideas conversó con él sobre el avance del extractivismo en América Latina, el rol de los gobiernos progresistas y las posibles alternativas desde la cosmovisión indígena.
- ¿El extractivismo ha disminuido en América Latina con los gobiernos progresistas?
- El extractivismo sigue en marcha en América Latina, no se ha detenido y en todos los países hay presencia de transnacionales.
La diferencias que en este momento se encuentran entre gobiernos de centro, centro conservadores frente a los gobiernos de centroizquierda o progresistas es en el papel del Estado, en cómo se captan excedentes y qué se hace con parte de esos excedentes desde los gobiernos.
Por un lado, en los países de gobiernos centro conservadores se mantienen estratégias similares a las anteriores, de alto impacto ambiental con enclaves en diferentes lugares del territorio, también fuertes impactos sociales, poca presencia del Estado, niveles bajos de tributación y alta transnacionalización.
En cambio en los gobiernos progresistas lo que se observa en líneas generales y de manera esquemática es mayor presencia del Estado, donde en algunos sectores los gobiernos tienen empresas propias nacionales que llevan adelante el extractivismo o hacen convenios de comercialización conjunta con empresas extranjeras.
Por lo tanto, en líneas generales la presencia de las empresas y las corporaciones transnacionales se ha mantenido en los dos casos. Pero en la vertiente progresista la diferencia es que en algunos sectores hay mayor tributación, en el sector petrolero en Bolivia, Venezuela y Ecuador aunque no en el minero.
La diferencia es que parte de esta tributación es volcada a recursos que se utilizan en programas de asistencia social o de compensación social que son los clásicos bonos de pago mensual en dinero a familias en situación de pobreza o de indigencia.
Entonces, en los casos de los gobiernos progresistas se genera un vínculo donde se justifica el extractivismo como necesario para recaudación del Estado con el cual mantener estos programas de lucha contra la pobreza.
Ahora como se ve por esta breve descripción, en toda América Latina persiste el énfasis extractivista, alimentado por los actos solamente que se maneja distinto el papel del Estado, las tributaciones y las mediaciones en los conflictos sociales.
- En el caso de las alternativas al extractivismo, desde la posición del marxismo el problema principal sería el capitalismo...
- El problema es que para el marxismo clásico se le hace muy difícil abordar el problema del extractivismo en todas sus dimensiones, lo haría especialmente en la dimensión económica, enfocándose en medidas de redistribución económica en quien controla o maneja estas empresas en el papel del capital.
Pero basta una observación del desempeño de las empresas estatales, por ejemplo PDVSA de Venezuela no hay una mejor performance social o ambiental de las empresas estatales.
Y esto se entiende porque el marxismo clásico tiene un fuerte apego a la idea del progreso, por lo tanto participa del mismo núcleo de ideas básicas que alimenta y sostiene el extractivismo, la apropiación de los recursos naturales para fomentar y promover el crecimiento económico en América Latina.
En ese contexto, el marxismo clásico permite solucionar algunos de sus problemas económicos, permitiría un mejor abordaje de los temas de propiedad y redistribución, pero para las circunstancias que vivimos en el siglo XXI no nos alcanza.
Porque todo este debate sobre el extractivismo lo que pone en jaque es la propia idea del progreso mediada por la dominación y la explotación de la naturaleza.
De alguna manera se establece una analogía que la explotación de unos hombres sobre otros hombres o de hombres sobre mujeres, responde a la misma lógica de base que explica la explotación de la naturaleza.
Por lo tanto, el aspecto sumamente interesante del nuevo debate sobre el extractivismo en el siglo XXI, es que está obligando a repensar viejas categorías políticas de la izquierda convencional para adaptarlas a la circunstancia latinoamericana y repensarlas hacia el futuro.
Esa es una de las cuestiones más interesantes en el plano de las ideas, hay una rediscución de qué significa la izquierda y qué implicaciones tiene la izquierda frente a estas estrategias.
- A propósito de eso, en los últimos años he estado conversando con dirigentes indígenas de Ecuador. Y ellos tienen una férrea posición en defensa de los recursos naturales, ahí está también el tema del ITT-Yasuní. Esta posición del movimiento indígena ecuatoriano estaría más cerca a una alternativa que la de la posición del marxismo...
- Creo que está más allá, primero porque es una posición que viene de los indígenas, el marxismo clásico ha tenido dificultades para dialogar con las diferentes culturas indígenas. Segundo, es una posición de respeto a la naturaleza, que le reconoce a la naturaleza derechos propios, valores propios.
Y eso está lejos del materialismo clásico. Porque estoy reconociendo valores propios en los recursos naturales y la naturaleza se convierte en sujeto de derechos.
Tercero, es una propuesta que rompe con la idea del progreso y que el bienestar de las personas de la calidad de vida se hace a través de condiciones de trabajo o condiciones de accesos a consumo.
Lo que te está diciendo esta espiritualidad indígena es que hay una parte que tiene que ver con el bienestar con la felicidad, que está más allá de lo material.
Y esto explica el debate y la potencialidad que tiene las discuciones sobre el Buen Vivir, porque estas discusiones permitirían construir un alternativa al desarrollo que pudiera capturar lo mejor de las corrientes de izquierda contestatarias y críticas del desarrollo convencional y del capitalismo con los mejores de las corrientes de los saberes tradicionales y populares de repensar nuestras cosmovisiones, nuestra relación con el entorno de otra manera.
Por lo tanto, el Buen Vivir no significa romper con todo lo occidental y volver al pretendido pasado indígena, ni tampoco el inverso. Sino que es el desafío de capturar, de tomar y de aprender de lo mejor de cada una de las tradiciones.
- Una salida digamos podría ser, por ejemplo si se quiere hacer una exploración minera o petrolera, que la que decida sea la consulta popular o seguimos en lo mismo...
- Es un tema delicado, porque en algunas circunstancias la consulta popular defiende la protección de la naturaleza y rechaza emprendimientos. Hay otra circunstancia que la consulta local realmente lo que negocia es cuánto de la regalía va a quedar a nivel local.
Incluso podríamos plantear teóricamente casos extremos donde un gobierno municipal apoyado por los vecinos, decida por ejemplo aceptar un basurero tóxico o un basurero nuclear con tal de recaudar algún dinero extra.
Entonces acá lo importante es la re democratización de la toma de decisiones y un balance adecuada entre la necesaria e indispensable consulta local con los niveles también de consulta y de toma de decisiones a nivel nacional.
Y esto en planes de gestiones territoriales, hay que tener balances territoriales porque si yo hago emprendimientos productivos en un sitio los tengo que balancear con emprendimientos de conservación en otros sitios.
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