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Venezuela. Algo estamos haciendo muy mal

Imagen: albatv.org
Iván Padilla Bravo / Mariátegui
25/08/14

A Chávez siempre le preocupó que no se difundiese suficientemente lo que, como gobierno, hacía. Muchas veces hasta llegó a burlarse de los silencios comunicacionales desde el Estado, pidiendo -con acento muy satírico- que guardásemos silencio, que no dijéramos acerca de las obras que estábamos viendo, ante los hechos revolucionarios que se evidenciaban por acción de las misiones: “Shhhh... No digan nada... ¡Qué nadie se entere!”, sentenciaba.

Esta misma semana en un vagón de la línea uno del Metro de Caracas, tuve oportunidad de conversar con un maravilloso anciano de 94 años de edad. Se expresaba con impresionante lucidez, se refería a sí mismo como el autor del primer croquis de las rutas del servicio ferroviario subterráneo. Me dijo que se le nombra como “el abuelo del Metro” y que todas y todos los trabajadores del sistema, le conocen.

Sin dudas, venía de cobrar su correspondiente pensión, aprobada con sentido de igualdad por el Comandante Supremo, en esa lucha por saldar las inmensas deudas sociales. Estaba feliz pero no sabe decir por qué. Custodiando su merecido dinero en una bolsa plástica se bajó en la estación de La Hoyada. Atrás dejaba unos cortos mensajes de quejas: “hay más robos porque hay menos empleos”, sentenciaba, mostrando desconocer que la más baja tasa de desempleo en Venezuela, ha sido posible gracias a la Revolución Bolivariana y al liderazgo de Hugo Chávez.

En el corto recorrido de cinco estaciones también apuntó las “virtudes” de gobiernos que sí construyeron obras. Se detuvo en el de la dictadura de Pérez Jiménez, que “hizo el 23 de enero, unas viviendas baratas que se podían pagar hasta en 30 años”, dijo, como ignorando que hoy tenemos -gracias al Comandante Supremo Hugo Chávez- la Gran Misión Vivienda Venezuela, que construye, y entrega sin cesar, casas y apartamentos, en todo el territorio nacional, a venezolanas y venezolanos que se inscribieron en la Misión. 

El discurso del pasado ante lo “invisible” del presente, me llevó de nuevo a la reflexión sobre nuestras políticas comunicacionales. ¿Por qué un grueso de la población se queja, reproduciendo el discurso elaborado y difundido por la derecha en Venezuela, desconociendo los radicales cambios por los que se ha entrado en una nueva era que, con “trabajo de hormiguitas”, construye la Patria socialista?

¿Qué hace que un significativo número de personas trabajadoras, pobres, sencillas y de a pie de nuestro pueblo (incluso chavistas muchos de estos), cuando comienzan los noticieros de televisoras y radios del Estado, cambian de estación en busca de “entretenimiento”? ¿Qué pasa con nuestras parrillas de programación, en radio y televisión, que abundan en “información” y desprecian el entretenimiento? ¿Por qué despreciamos entretener y, cuando lo hacemos, buscamos el calco de la banalidad y cosificación del entretenimiento de estructura capitalista?

¿Cuándo revisaremos, con radicalidad revolucionaria y visión socialista, la manera como comunicamos? ¿Cuándo entenderemos que informar y entretener no necesita de panfletos ni estereotipos cargados de fraseologías de cliché? ¿Cuándo asumiremos con seriedad, preocupación y propuestas, opiniones como las del abuelito del Metro? Seamos autocríticos, ¡algo estamos haciendo mal!

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